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La
Celestina, Fernando de Rojas
(Siglo XVI)
En esta obra de teatro, el amor
entre los dos personajes primeros (a pesar de la Celestina misma) se manifiesta
como una enfermedad fisiológica. Este
fenómeno no está aislado a sólo uno de los personajes enamorados: primero
Calisto dice que se ha caído enfermo al ver a Melibea, y después Melibea tiene
casi la misma reacción a la mera mención del nombre de Calisto. La idea de la enfermedad del amor aparece en
otros aspectos de la cultura española, además de la literatura del siglo
XVI. Otro ejemplo de este tipo es el
modo de poner fuerza a una descipción: decimos, (a) «tengo hambre», pero
podríamos decir, (b) «tengo mucha hambre» para decir que tenemos más hambre que
(a). Pero para indicar un nivel aún más
extremo, el único remedio que nos queda es decir, (c) «estoy muerto de hambre»,
o «me muero de hambre». Por supuesto
estas expresiones no se limitan a un pobre que realmente está en peligro de
morir de hambre, pero la idea es que la hambre es tan fuerte que le hace daño
hasta el punto que se imagina así en peligro de muerte. Esta expresión española se aplica también a
otras situaciones: por ejemplo, la escala de fuerza en una declaración del amor
es la misma: (a) «estoy enamorado de tí» o «te quiero», (b) «estoy muy
enamorado de tí» o «te quiero mucho», y (c) «me muero de amor» o «estoy muerto
de amor». Esta expresión no se limita a
la edad media, sino que se la usa en la conversación corriente y moliente en
los países hispanos, pero particularmente en España. (Interesantemente, no hay una expresión equivalente en
inglés.) ¿Qué pasa si intercambiamos la
palabra muerto con enfermo? Ahora tenemos,
«estoy enfermo de amor», que verdaderamente indica el mismo sentido del amor
dañoso, pero ahora describe precisamente la condición supuesta de Calisto.
¿Por qué? Generalmente, en estos días, especialmente
en Europa, ser casado quiere decir estar con el esposo que se ha escogido y
entonces ser feliz. ¿Por qué continuar
usando una expresión así, que pinta al amor y la posibilidad del matrimonio (y
felicidad) como la pena de muerte?
Pues, primero tenemos que entender que el uso de expresiones como esta
normalmente vienen de la rica y bella tradición literaria de España. Por ejemplo, mucho de lo que escribió
Garcilaso de la Vega cambió la lengua castellana por siempre, y las metáforas
que en su tiempo fueron nuevas son ahora clichés que todo el mundo sabe. Por eso, la idea de morir de amor queda en
la lista de las expresiones más útiles de nuestra ahora.
Como realmente no podemos
construir una historia exacta y comprensiva de la lengua española, tampoco
podemos nombrar el origen exacto de cada expresión. Entonces, suponemos que la idea de la enfermedad del amor tiene
una basa en nuestra sociedad real.
¿Cómo se puede ver al amor como una enfermedad para nosotros ahora? Primero, si pensamos en la enfermedad, no
como una condición física, sino como cualquier tipo de daño, el amor en esta
edad contemporánea es un obstáculo a la carrera. Casi todo el mundo tiene algún tipo de negocio, sea trabajo que
paga, trabajo voluntario, el trabajo de buscar un trabajo, o estar
apasionadamente envuelto en el paro. Y
con cualquier trabajo, hay un requísito de estar en algún lugar a una hora
fija. Pero el amor toma tiempo. Hay el tiempo que se pasa pensando en el
amado, en tiempo que se pasa haciendo cosas para el amado, y la dificultad de
estar demasiado lejos del amado. En
general, las parejas muy serias o casadas viven juntos, en un lugar que a veces
es conveniente para los dos, a veces para uno de los dos, y a veces no es
conveniente para nadie. Pero debido al
compromiso que se hace en el matrimonio, casi siempre hay que estar juntos en
el mismo hogar. Por ejemplo, si un
granjero de papas de Idaho y una actriz de Hollywood se casan, uno de los dos
va a tener que cambiar de ocupación.
Entonces cuando se piensa seriamente en el amor, una consideración es
cómo estas relaciones van a influir en la carrera.
El amor puede influir
indirectamente en el cuerpo del amante también, de una manera benigna o
dañosa. Uno que está enamorado de otro
muy guapo puede sentir que realmente no merece a este otro. Entonces toma una acción para cambiar su
propio aparato. En muchos casos, el
resultado de este cambio es un efecto negativo. Menos vagamente, por ejemplo, ocurre a menudo que a un hombre o
una mujer le preocupa la pesadez. Por
eso, empieza a comer menos y a hacer ejercicios físicos para perder unos kilos,
resultando en una obsesión mental con la delgadez. Eventualmente, puede terminar en una flaqueza peligrosa o quizás
en la muerte. En este caso, el amore
causa una enfermedad en quien está tan enamorado.
Creo que la tercera causa de
pensar en el amor como una enfermedad es la más cercana a la causa del siglo
XVI. Es simplemente el sentido físico
que el amor crea en el estómago humano.
Quizás no sea un fenómeno global, pero yo sé de experiencia y de haber
hablado con otros, que el primer signo del amor es a veces un dolor de
estómago, y el no poder pensar en otra cosa que el objeto del amor. Las síntomas son semejantes a las del gripe
débil, pero la única medecina para el amor es saber que el otro lo
corresponde. «Estoy enfermo de amor»
puede querer decir simplemente que el objeto del amor incita un sentido de
salud floja; y según el modelo del amor cortés, el amor nunca se
corresponde. Entonces, en un sistema
cortés, el dolor de estómago se hace más fuerte cada minuto, hasta alcanzar e
nivel de una verdadera enfermedad.
Lo que tenemos en La Celestina es la misma cosa que ésta,
pero tan exagerada que después de solamente unas horas Calisto ha caído enfermo
de amor de Meliba. La primera vez que
Calisto ve a Melibea, Calisto le declara a ella su adoración, hasta tal punto
que no parece que habla de un humano verdadero. La compara con una diosa, y después, cuando habla con Sempronio,
se refiere a Melibea como una diosa verdadera y renuncia la fe Católica en
favor del dogma «Melibeo». A Sempronio,
le parece que Calisto solamente ha perdido su religión, pero después de un
rato, está perfectamente claro que Calisto ha perdido la salud mental y física
también. También clara es la causa:
Calisto. ¿Qué te paresce de mi mal?
Sempronio. Que amas a Melibea.
Calisto. ¿Y no otra cosa?
Sempronio. Harto mal es tener la voluntad en un solo
lugar cativa.
Calisto. Poco sabes de firmeza.
Sempronio. La perseverancia en el mal no es constancia
mas dureza o pertinacia la llaman en mi tierra. Vosotros los filósophos de Cupido llamalda como quisiéredes. (94)
Esta discusión hace clara la paradoja del amor en
forma de enfermedad. Como el único modo
de curar el amor es la tenerlo devuelto, el curso más directo a ser curado es
continuar persiguiendo al amado. Pero
este también quiere decir una continuación de la enfermedad. Calisto la llama «firmeza», y Sempronio la
llama «dureza».
Hasta este momento, Calisto no
describe como una enfermedad, pero cuando habla con Celestina por primera vez,
le dice a ella que la única cosa que lo hace sobrevivir es tener a
Melibea. Se refiere al negocio como «el
remedio de mi vida» y les dice a Sempronio y Pármeno que no dejan tardar el
progreso de ello (114). Celestina usa
toda esta información cuando habla por primera vez con Melibea. Sin decir nombre, describe a Calisto así:
«Yo dexo enfermo a la muerte, que con sola una palabra de tu noble boca salida,
que le lleve metida en mi seno, tiene por fe que sanará, según la mucha
devoción tiene en tu gentileza» (159).
Ahora la exageración ha llegado a tal punto que, según Celestina,
Calisto no necesita más que una palabra de Melibea para volver a ganar la
salud. Entonces, mucha de la
descripción que recordamos de la enfermedad de Calisto son las palabras de
Celestina, que componen una versión torcida y más poderosa que la de
Calisto. En este momento, la reacción
de Melibea es una simpatía sin una indicación de interés amorosa. La primera vez que la Celestina dice el
nombre de Calisto, Melibea le grita, «¡Ya, ya, ya, buena vieja, no me digas
más! No pases adelante.... De locura
sea su mal» (161). Podemos ver que
Melibea no tiene ninguna fe en las palabras de Celestina; no cree que sea
posible que un Calisto, especialmente que Calisto esté enfermo de amor de
Melibea. Pero su actitud cambia con el
desarrollo de la obra y con las negocaciones con Celestina. En colocar las relaciones entre Calisto y
Melibea, la Celestina hace que Melibea llegue a tener las mismas sintomas de
enfermedad amorosa que tiene Calisto.
La próxima vez que Celestina y Melibea están juntos y Celestina mencione
el nombre de Calisto, Melibea se desmaya en una pasión amorosa. Entonces, el cuerpo de Melibea ha llegado a
tal punto que una palabra puede elicitar toda una respuesta fisiológica,
exactamente como Calisto se curaría de oír una sola palabra de la boca de
Melibea. La única diferencia es el
curso que toma la manifestación de la enfermedad. En el caso de Calisto, el amor de Melibea le causa un dolor de
muelas, y para Melibea, la enfermedad es la falta de resistencia física.
Hay ejemplos de varios aspectos
de la cultura española de la Edad Media que sugieren que el amor es un agente
de daño. En la literatura y en la
lengua dicha, se puede ver que el amor influye de manera negativa en el que lo
practica. La diferencia es en qué modo
se presenta. En la lengua corriente y
moliente, se refiere al estar «muerto de amor», y como vemos en fin de La Celestina, el amor también puede
matar de manera indirecta, como hace a los personajes principales.