Christopher Shaw
Español 122 10
Martes, el 15 de diciembre
El
encantado hidalgo don Quijote de la Mancha
Donde se trata del
encantamiento de nuestro caballero y su escudero
Un tema importante que aparece por toda la novela en
varias formas es el encantamiento (encantamento). Después de examinar todo el primer libro de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, se encuentra que hay
por lo menos 6 manifestaciones del encantamiento, o de los derivados de la
palabra encantar, en la novela.
Describo las diferentes expresiones de la palabra encantamiento así: (1)
El sabio encantador es un concepto que viene de los libros de caballerías. Por lo menos, tiene la cualidad mágico de
ser omnisciente. (2) Encantar algo
puede ser también cambiar o transformarlo en algo diferente. (3) En más de un instante, una señal del
encantamiento es la inhabilidad de moverse.
(4) Algunas veces, don Quijote usa la palabra encantado para indicar que
algo parece extraño. Refiero
específicamente a la venta de Palomeque, donde ocurren la mayoría de los
acontecimientos que a don Quijote parecen extraños. (5) Un objeto encantado puede tener alguna cualidad mágica. (6) En otro sentido de la palabra encantar,
hay momentos en las cuales don Quijote y Sancho Panza cuestionan el valer de la
trayectoria caballeresca que inicia don Quijote. Estos momentos son importantes también para el desarrollo del
encantamiento en los otros sentidos. Es
cierto que estos usos del encantamiento se intersecan muchas veces dentro de la
novela, pero por ahora son distintos.
La primera vez que don Quijote invoca la palabra «sabio»,
que se refiere al sabio encantador, el primer sentido de encantar, está en el
capítulo 2º. Ya sabemos que la
trayectoria de don Quijote es tener aventuras para que gane eterno nombre y
fama por medio de un libro de caballerías sobre sus propias aventuras. Después de salir por primera vez, dice:
¿Quién duda sino que en los venideros
tiempos, salga a la luz la verdadera historia
de mis famosos hechos que el sabio que los escribiere no ponga, cuando llegue a contar
esta mi primera salida tan de mañana, desta manera?....
(80)
y prosigue luego con una
descripción caballeresca del principio de su aventura. En este caso, porque don Quijote está
caminando sólo, el único que sabe lo que pasa en el camino es él mismo. Entonces solamente hay dos posibilidades
para la escritura del libro de caballerías que quiere don Quijote. Primero, don Quijote mismo podría
escribirlo. Pero también sería posible
que un omnisciente o «sabio» lo escribiere.
Entonces, don Quijote controla la mano del sabio autor cuando habla,
porque el autor tiene que escucharlo para tener que escribir. O quizás cabe mejor decir que don Quijote
cree que tiene control sobre la mano del sabio autor. Luego, hacia el fin del libro, en el capítulo 46º, don Quijote
deja que un sabio controla a él. Cuando
la voz disfrazada del barbero profesa el fin de la aventura de la princesa
Micomicona, don Quijote acepta lo que dice y empieza a creer que está encantado
(mucho como el otro barbero, que empieza a creer que está loco). Para el lector de la historia de don
Quijote, los dos sabios son distintos, porque mientras no sabemos mucho del uno,
sí sabemos que el otro es de hecho la voz del barbero. Aquí vemos un contraste entre la primera
idea que tiene don Quijote del sabio encantador y lo que hace cuando el sabio
le manda a hacer algo.
El próximo sabio que vemos, y el primer que tiene nombre
en el libro, es Frestón, el enemigo de Don
Belianís de Grecia, un libro de caballerías cuyo héroe tiene el mismo
nombre. El primer conocimiento que
tenemos de esta novela aparece en el capítulo 1º, cuando se describe el perdido
juicio de don Quijote debido a la lectura de los libros de caballerías:
No estaba muy bien con las heridas que don
Belianís daba y recebía, porque
se imaginaba que, por grandes maestros que le hubiesen curado, no dejaría de tener el rostro y
todo el cuerpo lleno de cicatrices y señales.(72)
Aquí la voz narrativa
describe como don Quijote, encantado
con los libros de caballerías, los percibe como historia y, en el caso de don
Belianís, los examina como si fueran verdaderamente historia. Entonces, la primera vista de este libro es
una demostración de los efectos negativos de los libros de caballerías. La próxima aparece cuando el cura y el
barbero seleccionan los libros que quieren quemar del aposento. Deciden salvar Amadís de Gaula, uno de los primeros libros de caballerías, que se
considera clásico, pero queman Don
Belianís de Grecia, también uno de los primeros y favoritos de don
Quijote. Entonces en otro caso, este
libro es ejemplar del estilo mentiroso de los libros de caballerías. Pero es interesante que cuando se presenta
el personaje de Frestón, sea porque el cura y el barbero le dicen a don Quijote
que un sabio encantador ha tomado sus libros y hecho desaparecer el
aposento. Don Quijote entonces invoca
el nombre de Frestón y el ama indica que don Quijote tiene razón. Entonces aquí el cura y el barbero, en vez
de don Quijote, presentan el concepto caballeresco del sabio encantador.
Pero otra cosa digna de notar es que en el libro Don Belianís de Grecia, de donde viene
Frestón, este mismo Frestón es también el supuesto autor de la historia (I.7,
nota 6). Por eso, si preguntamos de la
identidad del escritor en los libros de caballerías, como los que lee don
Quijote, concluímos que en los libros de caballerías, un sabio encantador
escribe la historia. Pero antes de
presumir que Frestón ha escrito El
ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, tenemos que ver unas cosas: en
los libros de caballerías, las aventuras tienen lugar en el camino, y en el
camino hay castillos para que los caballeros puedan descansar. En los castillos, hay enanos que sirven a los
caballeros y al rey o castellano. Todos
las mujeres son damas, doncellas, o princesas.
A diferencia, en la primera salida de don Quijote, no hay aventuras en
los caminos, en el camino hay ventas, en las ventas no hay ningún enano, y las
mujeres son prostitutas. Entonces es
imposible decir que Frestón es el escritor del Quijote solamente porque el sabio encantador es el escritor de un
libro de caballerías. Los otros
aspectos no caben bastante bien.
Es cierto que la misma falta de simpatía con el autor de
la historia cabe en la novela, porque en el capítulo 9º, la voz narrativa habla
del Cide Hamete Benengeli, supuesto autor, que es moro y entonces
mentiroso. También es mentiroso el
traductor de la historia: toda la historia viene de las bocas de mentirosos, y
el segundo autor escribe la historia basada en las mentiras de los árabes. Entonces no hay una confianza entre el autor
y el lector. Pero no podemos decir que
el Cide Hamete Benengeli es sabio encantador sin otra evidencia.
La próxima vez que don Quijote invoca al sabio encantador
Frestón está en el capítulo 8º, después de su derrota con los molinos de
viento:
... sí es verdad que aquel sabio Frestón que
me robó el aposento y los libros
ha vuelto estos gigantes en molinos por quitarme la gloria de su vencimiento: tal es la enemistdad
que me tiene.... (130)
Esto presenta una nueva idea
de qué significa el encantamiento que aparece más a través del libro: que
encantar quiere decir transformar. Unas
veces que don Quijote tiene aventuras y terminan en derrota, dice a su escudero
Sancho que el sabio encantador Frestón ha cambiado la aventura en algo
diferente, que es lo que ve Sancho todo el tiempo. Por ejemplo, cuando la aventura de los rebaños de ovejas termina
con don Quijote derrotado (y además roto), dice que las ovejas realmente son
ejércitos y que (en otras palabras) Frestón los ha cambiado en ovejas para
quitarle la gloria del vencimiento.
Entonces según don Quijote ahora, Frestón el sabio ha encantado los
ejércitos para hacerles parecer ovejas, pero que realmente son ejércitos
opuestos. Ahora, si usamos «encantar»
en vez de «transformar», hay dos encantadores: don Quijote, que transforma
(encanta) las ovejas en ejércitos, y Frestón, que transforma (encanta) los
ejércitos en ovejas. Pero, ¿quién es
Frestón? ¿Cómo puede transformar algo,
si no existe sino en los libros de caballerías que lee don Quijote? De algún modo, sí podemos decir que el autor
de esta historia es lo que cambia los ejércitos en ovejas, porque en la
imaginación de don Quijote, son ejércitos, pero hasta que aparecen en el libros
como ovejas, no se puede decir con certeza que son ovejas porque no hay
evidencia. La única razón que sabemos
que son ovejas es la omnisciencia del autor.
Porque el autor dice que son rebaños, lo creemos, y porque dice que don
Quijote imagina que son ejércitos, lo creemos.
Entonces, el autor puede ser encantador también porque tiene el poder de
transformación.
Luego en el mismo capítulo, cuando don Quijote ve a los
frailes de la orden San Benito y el coche trás ellos, los llaman también
encantadores debido a los antojos que llevan:
... aquellos bultos negros que allí parecen
deben de ser, y son, sin duda, algunas
encantadores que llevan hurtanda alguna princesa en aquel coche, y es menester deshacer
este tuerto a todo mi poderío. (133)
Ahora el único criterio que
don Quijote usa para determinar que son encantadores es su aparición. Porque llevan antojos grandes y porque
siguen (por casualidad) en el mismo camino unos a caballo, unos mozos, y un coche,
don Quijote interpreta que son encantadores con mala intención. Esta interpretación lo causa a atacar a los
frailes para que le dejen libre a la mujer.
Entonces, don Quijote transforma los frailes en encantadores-- o (a
pesar de la mala gramática), podemos decir que los encanta en encantadores.
Por supuesto esta interpretación causa la batalla con el vizcaíno y, por
consiguiente, la primera «victoria» que ganan don Quijote y Sancho.
Los próximos encantadores enemigos de don Quijote son los
de la venta que mantean a Sancho. En el
capítulo que sigue, lo que contiene la aventura de los rebaños, don Quijote
dice a Sancho:
--Ahora acabo de creer, Sancho bueno, que
aquel castillo o venta, de que es
encantado, sin duda; porque aquellos que tan atrozmente tomaron pasatiempo contigo, ¿qué
podían ser sino fantasmas y gente del otro mundo? Y confirmo esto, por haber visto que, cuando
estaba por las bardas del
corral mirando los actos de tu triste tragedia, no me fue posible subir por ellas, ni menos
pude apearme de Rocinante, porque me debían de
tener encantado.... (216)
Debemos preguntar aquí ¿a
qué «otro mundo» pertenecen los manteadores?
¿Es posible que quiera decir el mundo de los libros de caballerías,
donde normalmente pertenecen los fantasmas y encantadores? Ya que don Quijote cree que está en el mundo
caballeresco, quizás el «otro mundo» refiere al mundo verdadero, y los
encantadores son los que han cambiado el castillo en venta y pedido paga para
quedar en ella. Es también la primera
vez, pero no la sola, que don Quijote implica que la inhabilidad de moverse es
signo de estar encantado. Porque don
Quijote no pudo vengarse a los manteadores, lo habían de tener encantado. La inmovilidad como encantamiento ocurre
luego también en la («jamás vista ni oída») aventura de los batanes, cuando
Sancho ata los pies de Rocinante para que no pueda seguir adelante. Aunque no usa la palabra «encantado», don
Quijote interpreta la inmovilidad de Rocinante como si fuera el encantamiento y
decide esperar hasta que Rocinante pueda moverse. Hay otro ejemplo luego en la historia que vamos a mirar más
adelante, el encantamiento final de don Quijote. Pero por ahora, proseguimos con la cronología del libro.
En el capítulo que sigue, don Quijote obtiene el
«encantado yelmo» de Mambrino, que supuestmente tiene el poder mágico de
defender a su llevador. Este es el
primer y mejor ejemplo del objeto encantado en el primer libro del Quijote. Para conseguir este objeto que es realmente bacía, don Quijote
ataca al barbero que lo lleva. Pero el
caso del yelmo es muy importante hacia el fin del libro, cuando don Quijote,
Sancho Panza, el cura y el barbero, don Fernando, Cardenio, Luscinda, y Dorotea
regresan a la venta de Palomeque. En el
capítulo 45º, toda la venta tiene una discusión sobre la identidad del yelmo,
de que es yelmo o bacía. El barbero
trata de explicar que merece el yelmo porque no es yelmo sino bacía, y entonces
él es barbero en vez de caballero. Si
fuera esto el caso, no permitieran las leyes de la caballería que don Quijote
lo tomara y entonces tendría que devolverlo al barbero. Pero los amigos de don Quijote, por
cualquiera razón, deciden defenderle, y forman una especie de tribunal para
decidir quién merece el yelmo, o don Quijote o el barbero. Todo el aposento está de acuerdo con don
Quijote, tanto que el barbero empieza a cuestionar su propio juicio. Es interesante que la voz narrativa nunca
use la palabra «encantar» para describir ni el efecto de don Quijote en los
conspiradores ni el efecto de los conspiradores en el barbero. Parece mágico que todo el mundo, de repente,
sin hablar antes, decida defender a don Quijote. Por supuesto, los inhabitantes de la venta, incluso el ventero,
la Santa Hermandad, y todos los conspiradores, quedan la bacía por yelmo
después de la gran pelea entree todos.
¿Cómo no decimos «encantada» para describir esta situación? Don Quijote concluye en fin que la venta es
encantada, pero con diferentes razones:
--¿No os dije yo, señores, que este castillo
era encantado, y que alguna región
de demonios debe de habitar en él? En
confirmación de lo cual quiero
que veáis por vuestros ojos cómo se ha pasado aquí y traslado entre nosotros la discordia del
campo de Agramante. (544-5)
Don Quijote reafirma lo que
ha dicho en el capítulo 18º: que la venta (castillo) tiene que ser encantado,
ahora debido a la extrañeza de los acontecimientos que persiguen dentro de
sí. Desde la perspectiva del lector, la
parte que no parece verdadero y tiene que ser encantado es que los
conspiradores defienden a don Quijote que la bacía es yelmo. Pero para don Quijote, lo que parece extraña
o encantado de la venta es primero el manteamiento, y después, que los otros no
creen como él que la bacía sea yelmo.
El último sentido de «encantar» del cual quiero hablar es
el de interesar. Hay momentos en los
cuales Sancho está desencantado con las aventuras (que él llama
desventuras). En este caso, hablamos
del «desencanto» de Sancho, en vez del «desencantamiento». El primer período del desencanto de Sancho
empieza en el capítulo 18º, antes de la aventura de los rebaños. El signo inicial que nos da de su desencanto
en la trayectoria de don Quijote ocurre en la conversación que tienen sobre la
venta de Palomeque. Sancho expresa su desencanto así:
Así debe de ser... puesto, que yo no lo sé;
sólo sé que, después que somos caballeros
andantes, o vuestra merced lo es (que yo no hay para qué me cuente en tan honroso número),
jamás hemos vencido batalla alguna, si no fue
la del vizcaíno, y aun de aquella salió vuestra merced con media oreja y media celada menos; que
después acá , todo ha sido palos y más palos, puñadas y más puñadas, llevando yo
de ventaja al manteamiento, y haberme
sucedido por personas encantadas, de quien no puedo vengarme, para saber hasta adónde
llega el gusto del vencimento del enemigo, como vuestra merced dice. (217)
Aquí el tono sarcástico en
la expresión de como sólo don Quijote puede ser caballero andante y a Sancho no
cabe el papel indica el desencanto de Sancho.
También se queja de los fracasos y derrotas que debían de ser aventuras,
que indica cierto desencanto. Pero la
evidencia mejor del desencanto de Sancho aparece después de que su amo entra en
la imaginada batalla y se cae derrotado:
Estábase todo este tiempo Sancho sobre la
cuesta, mirando las locuras que su
amo hacía, y arrancábase las barbas, maldiciendo la hora y el punto en que la fortuna se le había
dado a conocer. (224)
Debido a esta descripción de
las acciones de Sancho, podemos interpretar que está, más que antes, frustrado
con las aventuras, y entonces desencantado también con la trayectoria de don
Quijote. Pero podemos interpretar aun
más el otro sentido de encantar en este caso: ya que hemos dicho que la
transformación es un tipo de encantamiento, don Quijote es el primer encantador
en las aventuras que tiene con Sancho, porque don Quijote transforma las
situaciones verdaderas en aventuras de los libros de caballerías. Cuando Sancho está bajo la influencia del
encantamiento (las transformaciones) que hace don Quijote, lo tiene
completamente encantado. Y ahora que
vemos el desencanto de Sancho, también podemos ver el desencantamiento, con el
sentido de magia, de Sancho, porque ya no cree en las ilusiones que crea don
Quijote. En general, cuando Sancho
puede ver lo que pasa, como en la aventura de los rebaños, no cree lo que dice
don Quijote. Don Quijote siente este
desencanto de Sancho también, y en las aventuras que siguen, trata de demostrar
mejor la fuerza de su brazo para volver a encantarle a Sancho. Y después de la aventura del cuerpo muerto,
es cierto que Sancho ha vuelto a creer en las palabras de don Quijote, porque
han vencido a los fantasmas.
El tema del encantamiento de Sancho regresa en el
capítulo 35º, la aventura de los cueros de vino. El cura, el barbero, y todos los otros viajando con don Quijote y
Sancho están con el ventero leyendo la Novela
del Curioso impertinente, y don
Quijote está durmiendo (supuestamente en la cama). De repente, Sancho entra en el aposento donde están el cura y el
barbero y dice:
--Acudid, señores, presto y socorred a mi
señor, que anda envuelto en la más
reñida y trabada batalla que mis ojos han visto. ¡Vive Dios, que ha dado
una cuchillada al gigante enemigo de la princesa Micomicona, que le ha tajado la cabeza cercen a
cercen, como si fuera un nabo!
(437)
Después de un ruído del
aposento, sin que se mueve a ver, Sancho vuelve a decir al cura y el barbero:
--... ya no será menester, porque, sin duda
alguna, el gigante está ya muerto,
y dando cuenta a Dios de su pasada y mala vida; que yo vi correr la sangre por el suelo, y la
cabeza cortada y caída a un lado, que es tamaño como un gran cuero de vino. (438)
Es interesante notar que
Sancho nunca ve nada del aposento cuando interrumpe la lectura de la novela por
primera vez: oye las voces que da don Quijote sin tener conversación directa
con su amo. Y después de la segunda vez
que don Quijote da voces, Sancho anuncia que don Quijote ha vencido al gigante,
otra vez sin ver nada de la pelea. La
cosa más interesante es que sabemos que ha visto algo, mientras no podría haber
visto la cabeza cortada del gigante y su sangre. Sabe que hay cueros de vino dentro del aposento donde está don
Quijote, porque compara el tamaño de la cabeza del gigante con lo de un cuero
de vino. En todos los caso que preceden
a esta aventura, cada vez que Sancho ve una ilusión de don Quijote, reconoce la
realidad inmediatamente; pero aquí, Sancho ve los cueros de vino y dice que
forman parte de un gigante que don Quijote ha matado. Aun más, cuando el cura y el barbero entran en el aposento,
descubren que don Quijote está durmiendo; y el luchando caballero no se
despierta hasta que lo cubren en agua.
Cuando la busqueda de Sancho para la cabeza del gigante termina en
fracaso, dice:
--Ya yo sé que todo desta casa es
encantamiento; que la otra vez, en este mesmo
lugar donde ahora me hallo, me dieron muchos mojicones y porrazos, sin saber quién me
los daba, y nunca pude ver a nadie; y ahora no
parece por aquí esta cabeza que vi cortar por mis mismísimos ojos, y la sangre corría del cuerpo como
de una fuente. (439)
Sancho invoca el
encantamiento como causa de su histeria.
Pero él dice que la venta (que ahora se niega de llamar «venta») es
encantada y que el encantamiento de la venta fue causa de su creencia que don
Quijote estaba realmente luchando con un gigante. También podemos decir, desde la perspectiva de que don Quijote es
encantador, que Sancho está todavía encantado bajo la influencia de don Quijote,
aunque su amo nunca le dijo nada de los cueros de vino. Y aun otra interpretación es que Sancho es
en este caso el encantador, que ha cambiado los cueros de vino en un gigante y
el vino en la sangre del gigante muerto.
Si fuera esta la situación, hay muchos encantadores que participan en el
reverso de la transformación: el cura, el barbero, el ventero, y Sancho
contribuyen al luego entendimiento que los cueros son cueros en vez de
gigantes. Y una cosa más que ya hemos
visto es que el cura y el barbero funcionan como encantadores luego cuando le
ayudan a don Quijote en interpretar la bacía como yelmo. Esta es la primera vez que podemos ver todos
los tipos de encantamiento funcionando en el mundo del Quijote al mismo tiempo.
Entonces, hasta ahora, hemos visto por lo menos 6
sentidos diferentes de la palabra encantar y sus derivados. (Es interesante que casi cada vez que o don
Quijote o Sancho introduce un encantamiento, use la frase «sin duda alguna»
para indicar el nivel de entendimiento que tiene. De hecho, cuando leemos, es casi cierto que cada vez que aparece
esta frase, sabemos inmediatamente que lo que sigue no es verdadero.) Pero antes de proseguir al fin del libro,
tenemos que preguntar, hasta este punto, ¿quiénes o cuáles son los encantadores
de don Quijote y de su mundo? En todos
los escenarios que hemos estudiado, los que han funcionado como encantadores
son el autor de la historia, el sabio encantador Frestón, don Quijote, Sancho,
el cura y el barbero, y los conspiradores contra el otro barbero. Parece que Sancho saca su poder de
encantamiento de don Quijote, porque aprende todo el arte de transformar
objetos en caballerías de lo que le dice don Quijote. Entonces ¿de dónde saca don Quijote su poder de
encantamiento? La respuesta está clara:
los libros de caballerías. Los autores
de los libros de caballerías son los encantadores de don Quijote. Y el único autor de estos libros que se
menciona dentro del texto del Quijote es
Frestón, el supuesto autor de Don
Belianís de Grecia. Entonces, todas
las raíces de los encantadores nos guían a creer que Frestón es el encantador
final de don Quijote.
Per en otro sentido, ¿quién le presentó a Frestón en
primer lugar? Los conspiradores de la
quema de los libros (el cura, el barbero, la sobrina, y el ama), en el capítulo
7º, echan la culpa a Frestón. Antes de
esto, no vimos nada de Frestón. ¿Pueden
ser los grandes encantadores el cura y el barbero? Hay otra parte del libro en la cual el cura y el barbero parecen
ser los encantadores de don Quijote, porque crean toda la aventura de la
princesa Micomicona y los imponen en el espíritu de don Quijote. Empiezan la aventura para quitarle a don
Quijote de la Sierra Morena. Desde
aquel punto hasta que se vayan de la venta, don Quijote cree que está metido en
una aventura. El cura y el barbero
solamente terminan la aventura para quitarle de la venta y llevarle a su casa. Lo persuaden a salir así:
Llegáronse a él, que libro y seguro de tal
acontecimiento dormía, asiéndole
fuertemente, le ataron muy bien las manos y los pies, de modo que cuando él despertó con
sobresalto, no pudo menearse, ni hacer otra cosa
más que admirarse y... se creyó... que, sin duda alguna, ya estaba encantado... todo a punto
como había pensado que sucedera el cura, trazador desta máquina. (554)
Aquí vemos otra vez la
relación entre el encantamiento y la inmovilidad. Porque no se puede mover, don Quijote cree que ciertamente está
encantado. Y también recibimos de la voz
narrativa el regalo de la causalidad: la voz narrativa declara que el cura es
el «trazador» de la «máquina», o sea, el plan, de tenerle encantado a don
Quijote. Después de atarle (encantarle)
a don Quijote, le encierran en una jaula de madera para llevarle a su
casa. Antes de que acaben de salir
todos, el barbero hace su profecía, a la cual responde don Quijote que el
profeta «pida [de su] parte al sabio encantador que [sus] cosas tiene a cargo»
le deje libre de la jaula (556).
Entonces don Quijote muestra su entendimiento de que está encantado. En el capítulo que sigue, se queja porque
nunca había leído nada del uso de las jaulas para llevarles a caballeros
encantados en los libros de caballerías.
La última vez que ocurrió tanta confusión sobre la existencia de algo
fue después del manteamiento de Sancho.
Para explicarle el manteamiento a Sancho, don Quijote dice que estaba
encantada y no pudo vengarse, que es semejante a la situación de la jaula. Ya que no se puede mover para escapar de la
jaula, tiene que estar encantado. Pero
Sancho no cree que don Quijote está encantado, quizás porque sabe que el cura y
el barbero han completamente fabricado la ficción de la princesa Micomicona y
que crearon el encantamiento de don Quijote; y Sancho trata de convencerle de
esto. Pero don Quijote, tan seguro de
su propio encantamiento, responde que hay muchos tipos del encantamiento, y que
él sabe [sin duda alguna] que está encantado.
Entonces podemos ver que el encantamiento es un concepto indefinido:
puede cambiar en cualquier forma. El
único criterio que constituye el encantamiento es la palabra de don Quijote:
cuando dice que alguien es encantador, es encantador; cuando dice que está
encantado, está encantado. Ésta es la
última cosa que necesitamos saber: que el que tiene control completo sobre el
encantamiento es don Quijote mismo. No
hay ningún instante en el cual alguien a pesar de don Quijote usa la palabra
encantar antes de don Quijote, con la sola excepción de Sancho Panza, el buen
escudero que aprendió todo que sabe de su amo.
La última situación que quiero ver, con el propósito de
mostrar mis sentidos personales del libro, tiene lugar en el capítulo 52º,
después de la derrota de don Quijote con los disciplinantes y el cabrero. Cuando está en el suelo con el hombro roto,
dice algo que a mí parece que quiere decir mucho más que solamente una queja o
resignación. Cuando todo el mundo cree
que está muerto, incluso Sancho, don Quijote le dice a su escudero:
Ayúdame, Sancho amigo, a ponerme sobre el
carro encantado; que ya no estoy
para oprimir la silla de Rocinante, porque tengo todo este hombro hecho pedazos. (601)
Para mí, esta oración quiere
decir más de que don Quijote está cansado y que le duele el hombro. También es que está regresando al mundo
real. Su derrota coincide con la casi
llegada a su casa, se siente el daño físico, y ahora que está fuera de la
jaula, no tiene excuso ninguno para no quejarse del daño. Quiere regresar a la jaula para escapar del
mundo real y volver al mundo del encantamiento, donde ocurren aventuras. No se puede tener una aventura en el mundo
de caballerías sin el encantamiento, entonces don Quijote quiere una vuelta al
mundo de caballerías y encantamientos.
Y tiene razón. En
el mundo que estaba viviendo hasta ahora, había aventuras, damas, doncellas,
peleas, monstruos, espadas, cortesía, enemigos, todas las cosas divertidas que
queremos nosotros para escapar de la realidad de vez en cuando. Como lector, tengo el mismo sentido de no
querer que el libro termine con don Quijote derrotado en el suelo. Quiero ver su regreso al mundo de
caballerías. En este sentido, el autor,
cualquier autor que sea, me satisface, porque el libro no acaba en
derrota. Acaba con la promesa de una
continuación.