Christopher S. Shaw
Esteban Montejo y la autonomía personal
Examinamos
aquí la representación de la sociedad latinoamericana en Esteban Montejo,
esclavo que se escapa, se hace cimarrón, y lucha en la guerra de independencia
de Cuba, cuya vida se pinta en Biografía de un cimarrón, compuesto
(principalmente) por Miguel Barnet. El
libro se divide en cuatro partes, y cada sección retrata y desarrolla una
diferente versión de Esteban Montejo, o enfoca en un aspecto diferente de su
personalidad. Pero cuando buscamos en
el libro una manera de clasificar a Montejo, el aspecto que se queda constante
es la duda con respeto a la verdad o verosimilitud del personaje de Montejo
pintado en la transcripción de las entrevistas. Inmediatamente
después de leer la introducción, hay dos elementos exigentes que le mandan al
lector que cuestione el tema del libro.
Primero, el editor (Miguel Barnet) nos dice que el libro es una
colección de transcipciones de entrevistas con un viejo (Esteban Montejo) de
Cuba. Pero también dice que, a través
de todo el libro, “se podrá apreciar que hemos tenido que parafrasear mucho de
lo que él nos contaba. De haber copiado
fielmente los giros de su lenguaje, el libro se habría hecho difícil de
comprender y en exceso reiterante. Sin
embargo, fuimos cuidadosos en conservar la sintaxis cuando no se repetía en
cada página” (Barnet 10). Mientras
Barnet dice que fue “cuidadoso” en la conservación de la realidad de lo que
dice Montejo, según el título y el nombrado autor, es obvio que Barnet ha hecho
más con el texto que solamente parafrasearlo: si el mensaje y los relatos
quedaran perfectamente intactos depués de los cambios de Barnet, podría haber
llamado el libro “Autobiografía de un esclavo”, con Montejo como
autor. Aun los editores consideran que
el libro sea algo diferente de historia: “por supuesto nuestro trabajo no es
histórico. La historia aparece porque
es la vida de un hombre que pasa por ella.... Sabemos que poner a hablar a un
informante es, en cierta medida, hacer literatura. Pero no intentamos nosotros crear un documento literario, una
novela” (Barnet 10). Esta cita empieza a hacer clara la
distinción entre un documento histórico y una obra literaria. Una de las primeras diferencias es que en
una obra de literatura, aun en una obra narrada como Biografía de un
cimarrón, hay que tener personajes (en vez de solamente personas). El concepto central del personaje es que se
tiene que crear, aumentar, o puramente fabricar un personaje: no existe sin que
un autor (o editor) trabaja para darlo característicos y una personalidad que
existen solamente dentro de la marca de la obra. Entonces en todos los pasajes que leemos, tenemos que tener en
cuento la mano del editor, que funciona como titiritero: Montejo y sus palabras
hacen el papel del títere, y Barnet puede haber manipulado las palabras para
que surjan las ideas que quiere subrayar.
El aspecto difícil es que nunca sabemos el grado de cambio desde las
entrevistas originales y el libro escrito: el autor no dice nada, además de la
cita de arriba, sobre la influencia que ha tenido en la transcripción de las
entrevistas con Montejo. Claro que es
igualmente posible que Barnet no haya cambiado nada del sentido de las palabras
de Montejo a pesar de modernizarlas.
Entonces, la única que tenemos es una idea vaga de porqué habrían
cambiado el texto, o el resultado que Barnet quierría transmitir. Varias veces en la corta introducción,
repite que Esteban se destaca como rebelde entre un mundo de seguidores, y
sobre todo un revolucionario:
[Uno de] los más aguizados [rasgos que
caracterizan su personalidad básica es] un grado de honestidad y espíritu
revolucionario admirables.... El
espíritu revolucionario se ilustra no sólo en el propio relato sino en su
actitud actual.... Su tradición de
revolucionario, cimarrón primero, luego libertador, miembro del Partido
Socialista Popular más tarde, se vivifica en nuestros días en su identificación
con la Revolución cubana. (Barnet
11-12)
Entonces podemos anticipar que este aspecto de la personalidad se
acentue en la creación del personaje literario de Esteban Montejo. Con esta precaución, procedemos con el
análisis del libro.
Como he dicho
antes, el libro se divide en cuatro partes.
La primera es la introducción de los editores/autores. Barnet explica que habían buscado
información sobre la preservación de las religiones africanas en las colonias
esclavizadas, pero cuando hallaron una entrevista grabada con Montejo en un
rimero de cintas, encontraron algo más interesante que habían esperado: un
relato de la vida de un negro en Cuba durante la época de la esclavitud. Los editores, después de haber hablado con
Montejo, despidieron las cintas de los otros viejos y decidieron enfocarse más
en la vida de Esteban, que salió más interesante que habían esperado. Comentan en la introducción los tres
aspectos más notables de su personalidad, que vemos más adelante. La segunda parte se llama “La esclavitud”, y
se divide en un relato de la vida en los barracones como esclavo, y un relato
de su vida como cimarrón, en el monte y en una cueva. La tercera parte se llama “La abolición de la esclavitud”, y
trata de la vida en los ingenios, una versión de la esclavitud sin la
esclavitud oficial. La cuarta, “La
guerra de Independencia”, pinta la guerra de independencia de Cuba desde el
punto de vista de Esteban y otros negros que lucharon en la guerra. Como vamos a ver más adelante, en cada parte,
Montejo alcanza una diferente conclusión o comentario en su monólogo con
respeto a la esclavitud y ser negro en Cuba.
Las diferencias son bastante semejantes que podemos incorporar sus ideas
para formar alguna representación de la vida del negro en Cuba.
La otra pregunta
que vamos a desarrollar aquí es cómo esta obra relaciona al relato de Francisco
Manzano, que escribe su propia autobiografía, la cual representa otro lado de
la esclavitud en Latinoamérica. Hay semejanzas
entre las dos obras, pero en general, se puede ver la Biografía de un
cimarrón como una especie de antítesis de la Autobiografía de un esclavo. Los personajes de Montejo y Manzano
pertenecen a diferentes hemisferios del mundo de la esclavitud, pero las vidas
después de la esclavitud son opuestas también, como vamos a ver más
adelante.
El relato del
período de la esclavitud empieza con una descripción breve de un tipo de
religión. Montejo explica que hay cosas
que no se puede comprender, que nunca en la vida vamos a entender ciertas
cosas. Sigue:
Total, yo sé que todo eso depende de la
Naturaleza. La Naturaleza es todo. Hasta lo que no se ve. Y los hombres no podemos hacer esas cosas
porque estamos sujetos a un Dios: a Jesucristo, que es del más se habla. Jesucristo no nació en África, ése vino de
la misma Naturaleza porque la Virgen María era señorita. Los dioses más fuertes son los de
África. Yo digo que es positivo que
volaban.... No sé como permitieron la
esclavitud.” (Barnet 13)
Podemos ver que no cree en el Dios o la religión cristiano, pero
tampoco dice que cree completamente en ninguna religión estructurada. Esta cita es casi el único ejemplo de
discurso personal y directo sobre la religión que Montejo nos da: las detalles
de su fe quedan oscuras en todo el libro.
Hay otra discurso sobre la religión cuando, en el principio del relato
de la esclavitud, habla de las dos religiones mayores de su barracón, la lucumí
y el congo. Pero en éste, no se asocia
con ninguna de las dos. Describe a los
lucumises y a los congos, pero no se asocia con ninguno de los dos grupos: “La
diferencia entre entre el congo y el lucumí es que el congo resuelve, pero el
lucumí adivina” (32). Con respeto a la
relación entre él mismo y losdos grupos, dice, “a mí nunca nadie trató de
hacerme brujería, porque yo he sido siempre separatista y no me ha gustado
conocer demasiado de la vida ajena” (Barnet 32). Este comento es una (casi) ilustración de su propia opinión de la
religión entre los esclavos, pero no nos da ninguna información fija de su
identidad religiosa. Lo que tenemos es
que a menudo a través del libro, parece que se puede atribuir las actitudes de
Montejo a esta fe en la Naturaleza como causa de todo. Habla extensamente de los horrores de la
esclavitud, de los castigos y los amos y el trabajo, pero nunca se queja de la
experienca de haber sido esclavo; tampoco habla mucho del valor emocional de
las cosas. Por ejemplo, cuando describe
la vida sin conocer a sus padres, dice, “Por cimarrón no conocía mis
padres. Ni los vide siquiera. Pero eso no es triste porque es la verdad”
(Barnet 15). Más interesante que eso,
casi atribuye toda la esclavitud a la mera casualidad:
Para mí que... [la esclavitud] empezó cuando
los pañuelos punzó. El día que cruzaron
la muralla.... el punzó los hundió a todos.
Y los reyes y todos los demás, se entregaron facilito. Cuando los reyes veían que los blancos...
sacaban los pañuelos como saludando, les decían a los negros: «Anda, vé a
buscar pañuelo punzó, anda». Y los
negros embullados con el punzó, corrían como ovejitas para los barcos y así los
cogían.... Por culpa de ese color les
pusieron las cadenas y los mandaron para Cuba.... Esa es la razón de la esclavitud en Cuba. (Barnet 14)
En parte, el atribuir la esclavitud al atrayente color de punzó, o
colorado, es enfocar en la razón inmediata de la esclavitud. Quizás los negros de África entraron en los
barcos debido a los pañuelos, pero los blancos estaban en África buscando
esclavos; entonces sin que los blancos entraran en África, los negros no
tendrían qué querer alcanzar. El
enfasis que Montejo pone está en la casualidad: que los blancos tenían pañuelos
de punzó, y este color atrajo a los negros, y eso es la explicació completa
para la esclavitud. El atribuir la
esclavitud a un color atrayente disminue la influencia de los factores como la
crueldad de la raza negra, o la falta de humanidad con respeto a los
negros. Montejo parece aceptar estas
cosas y no comentarlas. Lo importante
de todo este aislamiento emocional es que no podemos tratar verdaderamente a
Montejo como representación de la religión o sentimiento de los esclavos,
porque no da mucha información sobre la religión y emociones suyas, y parece
desencantado con la religión de los otros.
Aunque evita
hablar mucho de la religión, lo que sí nos pinta bien es el mundo del esclavo:
de los pasatiempos, de la enfermedad, el horror, el castigo típico. Esta descripción gráfica vale mucho para la
examniación de la personalidad de Montejo.
Es interesante notar que Esteban no empiece con un relato de daño en los
barracones, sino con un retrato del entretenimiento y los partidos que jugaron
los esclavos entre sí. Describe las
canciones que cantaban cuando trabajaron.
Vuelve a decir que había un espíritu de competeción entre los
esclavos. El ejemplo que nos da es un
juego que se llama “la galleta”; lo jugaban igualmente los negros y los
blancos. “La operación para ese juego
era de poner en... un tablón cualquiera, cuatro o cinco galletas duras de sal y
con el miembro masculino golpear fuerte sobre las galletas para ver quien las
partía. El que las partía ganaba. Eso traía apuestas de dinero y trago”
(Barnet 27). Además del concepto de
competición, aparece que hay un sentido de sexualidad en el juego. Ese sentido se repite mucho en las acciones
y relatos de Montejo. Mientras no
cuenta las detalles de sus relaciones sexuales, después de haber contado la
abolición de la esclavitud, Montejo enfoca en las mujeres que había tenido: “yo
creo que tuve hijos; a lo mejor muchas, o quizá, no,” y luego:
Si saco la cuenta de todas las mujeres que me
cogí en Ariosa, los hijos me sobran.
Ahora, yo no conocí a ninguno.
Por lo menos, las mujeres que vivieron conmigo en el barracón no
parieron nunca. Las otras, las mujeres
de monte, venían y me decían: ‘Este hijo es tuyo’. Pero, ¿quién iba seguro de eso?
(Barnet 80 y 96)
Después, continua esta idea, “Yo creo que cogí más de cincuenta negras
en una semana” (Barnet 198). Montejo
demuestra un deseo sexual fuerte, que ha realizado con muchas mujeres en su
vida. Este aspecto hace que Montejo se
retrata como un hombre que no se queha de su situación y trata de mejorar su
vida dentro de las paredes en que tiene que vivir.
Sin embargo,
cuando sigue narrando la vida bajo la esclavitud, llega a describir los
horrores que sufren todos los esclavos en Cuba que vivían en los
barracones. Dice que los mozos más
bonitos fueron mandado a ser esclavos de casa (como Manzano), pero los otros
tenían que trabajar en el campo haciendo trabajo durísimo. Todo era labor físico. Todos los esclavos de campo tenían que vivir
en una especie de barracones. el suyo
se llamaba “Flor de Sagua”, y según Montejo, alojaba más de 200 esclavos. Los barracones fueron simples: un techo y
paredes, y el suelo de tierra. Los que
vivían en los barracones siempre se llevaban sucios de cara y de cuerpo. Para que parecieran limpios, los amos los
cubrirían en cal. Pero por supuesto, en
esas condiciones, era inevitable que muchos esclavos, especialmente los viejos,
se ponían enfermos. Montejo dice que
muchas veces cuando los negros más enfermos empezaban a boquear, mostrar
señales de morir, los amos los pusieron en cajas y los desterraron. Pero Montejo cuenta unas instancias en las
cuales este sistema no funciona bien: “Una vez enterraron a un negro y levantó
la cabeza. Y es que estaba vivito....
en ese lugar enterraron a uncongo y se levantó gritando. La gente espantó y salió huyendo” (Barnet
40-41). Dice que cuando volvió a
trabajar, “el mayoral le preguntó que le pasó y él dijo: ‘me metieron en el
hojo por la cólera y cuando me curé, salí’” (Barnet 41).
Además de las
condiciones sucias y peligrosas de vivir, Montejo pinta los castigos horribles
que recibían los esclavos. Lo peor fue
el cepo, un tablón de madera con agujeros donde se ponen los manos y la
cabeza. Cualquier ofenso podría merecer
el cepo, y las sentencias a veces duraron más de un mes. A menudo, los amos los azotaban al castigado
en la espalda; aun a las mujeres preñadas castigaban así. Este aspecto le duele mucho a Montejo: “Yo
vide muchos horrores de castigos en la esclavitud. Por eso es que no me gustaba esa vida” (Barnet 37). Esta es una de las únicas emociones que
Montejo nos expresa. Parece que ésa
contribuye mucho al deseo de salir para el monte. Pero hay varios factores que contribuyen al escapo inevitable de
la esclavitud para Esteban. Un aspecto
inmediato del personaje de Montejo aparece muy pronto en el principio del
libro, cuando dice, “Yo era cimarrón de nacimiento” (Barnet 18). Esta cita implica, más que los comentos
religiosos, que Montejo siente un aislamiento.
Es interesante notar que use el término “cimarrón”, porque además del
sentido de esclavo escapado, “cimarrón” quiere decir salvaje, hombre de la tierra
y la naturaleza, que ciertamente es Esteban Montejo. Le gusta esta descripción mucho: luego cuando describe su
reacción a la abolición de la esclavitud, dice de los otros, “A mí me
preguntaba mucha gente lo que yo hacía y querían saber de dónde yo era. Algunas veces les decía, ‘Yo soy Esteban y
fui cimarrón’” (Barnet 58). Una
combinación de este aislamiento y un agrado para el monte y la Naturaleza
causan que Montejo salga del ingenio en que vive y huya de sus amos.
El escapo de
Montejo viene de repente. El mismo día
en que le ocurre la idea de huirse, Esteban Montejo se queda inmóvil por un
momento, mirando al mayoral, y decide salir al monte. “Le silbé de lejos y él miró y se volvió de espaldas; ahí fue
donde cogí una piedra y se la tiré a la cabeza. Yo sé que le dio, porque él gritó para que me agarraran. Pero no me vio más el pelo, porque esa día
cogí al monte” (Barnet 42-43). Esta
cita parece semejante al enfermo, que al curarse, sale de su agujero. Al darse cuenta de que está harto de ser
esclavo, se va del campo y se escapa al monte.
Esta individualidad, autonomía, es lo que separa a Montejo de los otros
esclavos. Montejo dice que,
especialmente en el caso de los viejos, los otros esclavos no querían salir
porque temían el monte, o porque tenían miedo de los amos. La diferencia es que Montejo “tenía una
rabia de verlo [al mayoral] nada más me encendió” (Barnet 42). Este deseo, que suele sentir solamente
cuando piensa en su libertad, es un rasgo fuerte de su personalidad, que nos
ayuda mucho a entender la lo que Montejo quiere representar. El espíritu de autonomía personal puede
traducir fácilmente en el espíritu revolucionario de la época en la cual se
publicó el libro. Pero la evidencia de
eso va a crecer significantemente y rápidamente; entonces lo dejamos por el
momento. El capítulo sigue retratando
la vida en el monte. El tono de esta
sección es más alegre que se debe esperar de un libro sobre la esclavitud. Montejo dice que le gusta la vida en el
monte: “yo tengo la consideración de que el cimarrón vivía mejor que el guajiro. Tenía más libertad” (Barnet 48). El relato se lee como un manual de
sobrevivir en el monte: cuenta como había cazado un jabalí y haberlo comido;
nos habla del peligro de vivir en una cueva, donde hay majases (bichos que,
cuando se pican al humano, inducen el deseo de dormir). Supuestamente vive en esa cueva por más de
año y medio. Pero a pesar del peligro
de vivir en la cueva, y la posibilidad de ser capturado, sigue andando por el
monte. La única precaución que toma era
evitar el andar en grupos con otros cimarrones. En este relato, vuelve a afirmar el respeto que tiene por la
Naturaleza. Por ejemplo, refiere a los
murciélagos como los reyes de la cueva en que se mete por los 18 meses. Cuando sube en una loma para ver a la
tierra, habla extensamente de la hermosura y grandeza del mar, que había
imaginado antes como un grán río.
Después propone que los pájaros en el bosque lo protegen del peligro de
ser capturado: “De lo qe sí me acuerdo bien es de los pájaros del monte.... Al
principio me metían mucho susto, pero después me acostumbré a oirlos. Ya yo creía que ellos me cuidaban” (Barnet
53).
Para Montejo,
parece que todos los cambios en su vida vienen de repente. Un día, “por la gritería de la gente me
enteré que había acabado la esclavitud y salí.
Gritaban: ‘Ya estamos libres.’
Pero yo como si nada. Para mí
era mentira.... empecé a buscar trabajo.
Muchos negros.... me preguntaron qué yo hacía de cimarrón. Y yo les decía: ‘Nada.’ A mí siempre me ha gustado la independencia. La salsa y la escandalera no sirven. Yo estuve años y años sin conversar a nadie”
(Barnet 56-57). Otra vez reafirma la
soledad y autonomía que prefiere. En el
capítulo que sigue, el más largo del libro, continua reiterando que la Cuba
después de la esclavitud fue el mismo y a veces peor que el mundo de la
esclavitud. Los labradores vivían en
los mismos barracones, pero en vez de pagarlos con alojamiento y comida, los
amos los pagaron con dinero que solamente podían gastar en el ingenio, porque
no había dónde ir para comprar la comida.
Una de las dos distinciones claras que hace Montejo es que no golpeaban
a nadie después de la abolikción de la esclavitud. La otra es que sin las reglas, a Montejo le gustaba ir a la
ciudad por la noche en busca de “gallinas” (mujeres) y ver el juego de
gallos. En esto, Esteban fue distincto
de los otros labradores en el ingenio.
Los otros nunca querían salir; entonces Montejo se encontraba muchas veces
sólo, aislado de los otros labradores, como había sentido antes con los esclavos. Revela un poco del razonamiento bajo esta
soledad: “toda esta gente que no huyó, creía que los cimarrones éramos
animales. Siempre ha habido gente
ignorante en el mundo. Para saber algo
hay que estar viviéndolo. Yo no sé como
es un ingenio por dentro si no lo miro.
Eso es lo que les pasaba a ellos” (Barnet 84). Entonces Montejo no tiene mucho respeto por los otros labradores
con que trabaja, porque no quieren ni pueden entender la vida del cimarrón, la
vida que Montejo había andado hace unos meses; no pueden ver el mundo tal como
lo ve Montejo, que la vida después de la abolición de la esclavitu es el mismo
que antes, que la libertad es un nombre diferente para la esclavitud.
En este momento,
hay que pararse y examinar la relación entre Montejo y Francisco Manzano. Hasta lo que hemos visto, las vidas de los
dos esclavos eran casi opuestas. Desde
nacimiento, empezaron en caminos diferentes.
Manzano por los menos conoció a sus padres, pero mejor que eso, sus amos
lo crecieron como un hijo suyo. Como
mozo de casa, tenía la ventaja de haberse educado y aprendido a leer y
escribir. A Montejo esta vida no parece
buena: “Yo nunca hice eso porque a mí no me gustaba emparentarme con los
amos. Yo era cimarrón de nacimiento”
(Barnet 18). Repito la última frase de
la cita porque es tan importante aquí: Montejo trabajaba con la tierra, se
ensuciaba, y vivía dos años de su vida en el bosque, comiendo lo que mata o
colecciona, educándose en la ley del monte, huyendo de los amos; y éstos son
los mismos amos que habían amaestrado a Manzano a ser hombre de la casa, limpio
y educado. Entonces cuando volvemos a
mirar la cita anterior, no aparece que Montejo hubiera tenido mucho respeto por
Manzano y su vida cuidada. La
independencia de Manzano fue comprado por unos hombres amigos suyos que
admiraban su obra literaria, pero Montejo ganó su indpendencia por puro
iniciativo. Además, la vida para
Manzano después de la esclavitud fue mucho mejor: fue comisionado para que
escribiera su autobiografía, y vivía libre todos los años después de ser
liberada. En contraste, después de que
se acabó la esclavitud, Montejo volvió inmediatamente a despedir del monte para
trabajar en el campo y vivir en un barracón.
Estas son las diferencias principales entre los dos esclavos.
Pero los dos son
también semejantes en muchos aspectos.
La crueldad de la esclavitud queda constante sin ninguna distinción
entre casa y campo. Como Montejo nos
habla de los castigos y los azotes, Manzano tiene sus propios relatos de la
misma crueldad y temor del ser castigado.
Los tres delitos principales por los cuales sus amos castigan a Manzano
son: ser sospechado de haber robado un pollo, tomar una moneda brillante en vez
de dársela a un mendigo, y coger una flor del jardín de su amo. Cada de estos tres delitos resultó en por lo
menos 25 azotes para el pobre esclavo.
Por supuesto podemos comparar los castigos duros que recibe Manzano con
los de Montejo; ninguno de los dos faltan la experiencia de crueldad.
Obras Citadas
Barnet, Miguel. Biografía de un cimarrón, 2ª ed. México: Siglo xxi editores, S.A., 1971.
Manzano, Fracisco. Autobiografía de un esclavo. Madrid: Ediciones Guadarrama, S.A., 1975.